Una tarde en el taller
A principios de los años setenta, Ernesto Abraham dirigía una fábrica industrial de acabados metálicos en la Ciudad de México: piezas de precisión para imprentas, plumas y maquinaria.
Era una tecnología de la industria pesada. Se usaba en manufactura aeroespacial, en artes gráficas y en producción industrial de precisión. No se usaba para hacer arte.
Una tarde entró su esposa, Sima. Observó las máquinas dando acabado a formas de metal y preguntó si ese mismo proceso podía dar cualquier forma.
Ernesto dijo que sí.







